Entrevistas

El legendario Pedro Canoero primero se hizo canción, ahora escultura


En la playa de la ciudad de San Bernardino frente al lago Ypacaraí, una figura de hierro comenzó a existir antes de ser anunciada. No hubo acto oficial ni convocatoria previa. Fue el viento, en una de esas tardes imprevisibles, el que decidió correr una carpa y revelar lo que durante meses había permanecido en silencio: Pedro Canoero, una escultura monumental realizada por el artista Hugo Escobar en colaboración artística con José Quevedo, inspirada en la música y en el relato íntimo de la cantaautora argentina, Teresa Parodi.
El descubrimiento fue accidental, pero su impacto no lo fue. Bastaron algunos segundos de video compartidos en redes sociales para que la obra comenzara a viralizarse, generando una inmediata aceptación y curiosidad colectiva. Allí, sobre la arena y mirando al lago, el canoero parecía haber estado siempre, como si formara parte natural del paisaje y de la memoria del lugar.

La escultura demandó alrededor de cuatro meses de trabajo. Hugo Escobar, reconocido por su dominio del hierro, se detuvo con precisión casi obsesiva en cada detalle: Las manos firmes, donde se siguen hasta la línea de las venas, los pliegues de la camisa trabajados con una fidelidad que remite a lo vivido, no a lo imaginado.

En la obra, la letra de Pedro Canoero no solo se recuerda: Se siente. Hay una traducción silenciosa de la canción en volumen, peso y gesto.

La inspiración va más allá de la música. Escobar señala que fue clave una entrevista en la que Teresa Parodi relata el momento exacto de conexión con aquel canoero paraguayo que navegaba el lago Ypacaraí.

Sí, Pedro era paraguayo. Parodi reveló este hecho en una íntima entrevista en 2023, la artista compartió que en el año 1983, llegó a Paraguay para cantar en el Festival del Lago Ypacaraí, fue en ese entonces que antes de tomar el avión de regreso a Argentina, fue a dar un paseo por el lago y conoció al canoero, Pedro.

Ese encuentro, casi ceremonial, fue el germen de la canción que luego sería traducida y cantada por miles de artistas en distintos idiomas y escenarios. Parodi recuerda la solemnidad del hombre al invitarla a subir a la canoa, un acto simple elevado a rito, una entrega total al oficio y al agua.

Detener el tiempo. Es en ese punto donde Escobar decide detener el tiempo. Captura al canoero en plena reverencia, en comunión con su canoa y con el espacio que habita. Entre los elementos que refuerzan esa narrativa aparece una radio –testigo de época– y, en uno de los laterales de la canoa, construida con medidas reales, un reloj sin manecillas. Un reloj sin tiempo. Un símbolo claro: Allí no rige el apuro, solo la permanencia.

Navegando hacia el atardecer. La ubicación de la escultura no es casual. Fue pensada estratégicamente en relación con el recorrido del sol. Al atardecer, cuando la luz baja y el lago se vuelve espejo, la figura se recorta como parte de una postal viva. La base de la obra reproduce el mapa del río, y en la llamada “hora mágica” el canoero parece navegar, aún estando quieto.

La obra debía ser presentada oficialmente en febrero, pero una tormenta atípica de sábado alteró los planes.

El viento arrancó la carpa que la cubría y, en ese gesto imprevisible, dejó al descubierto la escultura. Escobar llegó al lugar con la intención de evaluar posibles daños, pero se encontró con una sorpresa: el mismo viento había doblado levemente un ala del sombrero.

Lejos de corregirlo, el artista decidió conservarlo como una picardía del viento, fascinado por el movimiento agregado, como si la naturaleza también hubiese querido firmar la obra.

Aún restan detalles por completar: Una placa con código QR que permitirá acceder a la entrevista de Teresa Parodi y a las múltiples versiones de la canción, los perfiles de los artistas Hugo Escobar como el escultor y José Quevedo tras el concepto, un mirador levemente elevado para lograr la fotografía perfecta y trabajos de jardinería que acompañen la base. Pensado además con acceso inclusivo con rampas.

Sin embargo, incluso en este estado, Pedro Canoero ya se convirtió en un punto de visita obligado para quienes pasan por San Bernardino y la obra ya se siente como parte del paisaje fluyendo con naturalidad.

Idea original. Escobar revela que la idea original fue de José Quevedo. Juntos imaginaron al canoero y fueron llevándolo a la realidad. Fue Quevedo quien sintió la urgencia de que esta figura existiera y quien vio en Escobar al artífice indicado para materializarla. Quevedo y Escobar, ambos artistas, compartieron también las ansias de que Pedro sea un recorrido cultural en San Bernardino con más propuestas.

Inauguración. Sin fecha oficialmente confirmada, pero ya en amplia conversación en la segunda semana de febrero, Teresa Parodi visitará San Bernardino para la inauguración oficial, que se prevé sea un festival. Entonces, la obra tendrá palabras, música y ceremonia.

Pero incluso antes de eso, el canoero ya está allí, navegando sin tiempo, con la misma solemnidad que una vez inspiró una canción eterna.

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Los artistas. José Quevedo y Hugo Escobar, junto a la escultura de Pedro Canoero, en San Bernadino.

 

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Detalle golpe a golpe. La escultura está realizada bajo la técnica de hierro batido en la que Escobar fija detalles moldeando el hierro golpe a golpe.

 

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Fuente: https://www.ultimahora.com/


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