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Nuestra Señora de Talavera de Madrid de Esteco: 412 años de historia del sudeste salteño

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Por Profesora Norma Estela Aguilar. Historiadora.

Los Municipios de Río de las Piedras, El Galpón, San José de Metán, Rosario de la Frontera, La Candelaria, El Tala y Joaquín V. González incorporaron por Ordenanza a sus efemérides locales el día de fundación de Nuestra Señora de Talavera de Madrid. El hecho no es casual si se considera que Esteco, creada por Alonso de Ribera un 8 de noviembre de 1609, constituye la génesis histórica de los cuatro departamentos del sudeste salteño. La jurisdicción de la ciudad colonial se extendía sobre el espacio ocupado hoy por Anta, La Candelaria, Rosario de la Frontera y Metán, conformando en esos tiempos los partidos de Esteco el Viejo, Culicas y Yatasto respectivamente.
Habitamos un espacio poblado de nombres cuyo origen era hasta hace poco tiempo incierto; ahondar en la historia de Esteco sirvió para desentrañar el por qué de muchos de los que existen, al estar íntimamente asociados a ella. Así Río de las Piedras, el sitio elegido por Ribera para asentar la ciudad, y el río homónimo fueron designados en los documentos del siglo XVII de este modo pero también con el apellido de un español, vecino de la ciudad de Nuestra Señora de Talavera, Don Gonzalo Ortiz de Marmolejo. La estancia pasó a formar parte de la Villa de Nueva Madrid de las Juntas -creada en 1592- y posteriormente cuando estos dos núcleos urbanos se unieron en 1609 ingresó a la jurisdicción de Nuestra Señora de Talavera de Madrid.

Con los apellidos

Como testimonios irrefutables de la extensión de la jurisdicción y del dominio que los vecinos tuvieron sobre el espacio, muchas estancias y potreros se designaron con los apellidos de sus propietarios y aún los mantienen, Cámara, Barrasa, Ovando y Balderrama sirven de ejemplos; algunas cambiaron con el tiempo tal es el caso de las tierras de Solórzano hoy Conchas y otras aparentemente fueron denominaciones originarias como Yatasto, las Cavas y Metán. Este último topónimo aparece tempranamente en una orden dada por el Oidor de la Audiencia de Charcas don Francisco de Alfaro en 1611 y luego sirvió para renombrar a las sierras de Vichime cuya elevación máxima es el cerro El Crestón.
En la ciudad de Esteco se asentaron tres órdenes religiosas: San Francisco, Nuestra Señora de la Merced y la Compañía de Jesús. La historia del departamento de Rosario de la Frontera se enlaza íntimamente al accionar de los jesuitas. El territorio se ubicó en el partido de Culicas, nombre asociado según fuentes documentales- al de un pueblo aborigen que la Compañía asentó y cuya adscripción étnica no está determinada en forma categórica; algunas lo identifican como lule y otras como tonocoté. Por otra parte la ciudad de Rosario de la Frontera se levantó sobre el espacio ocupado en los tiempos coloniales por la estancia jesuítica llamada Pampa de la Compañía.

El culto del Milagro

Esteco fue un enclave defensivo de importancia al interior de la Gobernación del Tucumán durante el siglo XVII; soportó los ataques de calchaquíes desde el oeste y chaqueños al este y contribuyó con ello al sostenimiento y desarrollo de otros núcleos urbanos.
La falta de mano de obra indígena, el éxodo de sus pobladores, la negativa de los comerciantes a utilizar una ruta en extremo peligrosa signaron su declinación, paulatina pero a la vez irreversible, cuyo golpe de gracia fue el terremoto de 1692.
El sismo que la destruyó un 13 de septiembre y las sucesivas réplicas se hicieron sentir en el resto de las ciudades, particularmente en Salta.
Aunque dieron origen al culto del Señor y la Virgen del Milagro, estos dos hechos en pocas ocasiones se asocian.

La estancia de Metán ubicada en el partido de Yatasto fue el refugio de los escasos sobrevivientes durante cinco años. Su propietario Diego López de Correa, un vecino de Talavera reubicado en Esteco y luego su esposa Thereza de Rivera Cortes, tuvieron a cargo al pueblo lule identificado como Biosmepe. Al ser el sitio muy bajo, anegadizo y con aguas insanas se enfermaban de bocio, con unos cotos tan enormes que los ahogaba. El Gobernador Juan Zamudio decidió incorporar el territorio a la jurisdicción de Salta en 1696 y al año siguiente los trasladó a la Pampa de la Compañía donde construyó el fuerte de Nuestra Señora del Rosario de Esteco.

Con la medida se instaura en la región la advocación a la Virgen del Rosario, muy extendida por esos tiempos al interior de la gobernación del Tucumán. Según la tradición la imagen había sido traída desde el Perú por el marido de la india Juana Paya, ambos pobladores de Ibatín primer asentamiento de Tucumán- y obró prodigios en la mujer salvándole la vida. En este espacio el nombre comenzó a cobrar fuerza a tal punto que el río de la Almona pasó a ser identificado como del Rosario.

Anta fue el espacio elegido por los españoles para asentar la ciudad de Cáceres, luego renombrada como Nuestra Señora de Talavera en 1567. Cuando trasladan su población a Talavera de Madrid en 1609, quedó incluido en el partido de Esteco el Viejo y debió esperar hasta los inicios del siglo XVIII, durante el gobierno de Esteban Urízar y Arespacochaga, para ser nuevamente ocupado. Lentamente comienzan a emerger de las fuentes otros espacios que nos hablan de lugares conocidos como La Candelaria y el campo sobre el río del Tala, desde donde el Gobernador organizaba las fuerzas y enviaba sus oficios.

Desde ese momento por la instalación de las misiones jesuíticas y los fuertes en una clara avanzada hacia el Chaco – puestos bajo la tutela de la Virgen del Rosario-surgió en la primera mitad del siglo la frontera y el partido del Rosario y en el transcurso de la segunda, al este del Pasaje- Balbuena el de Anta . Con todo, no es casual que Rosario de la Frontera y Apolinario Saravia la tengan como su santa Patrona.

Reconocer su importancia

Cuán necesario es reconocer la importancia de Esteco desde lo histórico pero también desde lo arqueológico. El sitio es uno de los cuatro existentes en la República Argentina -Ibatín, Concepción del Bermejo y Cayastá o Santa Fe la vieja son los restantes- identificado como ciudad destruida o abandonada durante el siglo XVII. Constituye un exponente del urbanismo colonial temprano que responde al modelo clásico de trazado en damero cuadrícula- con plaza central. Este hecho reviste gran importancia para futuras investigaciones, pues al estar localizado el centro plaza y fuerte, es posible ubicar al resto de los edificios principales señalados en el plano fundacional que en 1609 elevó el Gobernador Alonso de Ribera al Rey.

Las exploraciones comenzaron en al año 2010 y estuvieron a cargo del Lic. Alfredo Tomasini. El investigador del Conicet firmó un convenio con la Secretaría de Cultura de la Provincia y los intendentes de los municipios del Quebrachal, Río Piedras y El Galpón; desde ese momento los descubrimientos se sucedieron hasta su fallecimiento en 2017. En agosto de 2011 localizaron cuatro montículos que conformaban los vértices de un cuadrado; la formación corresponde a los baluartes del fuerte de San Carlos, construido por el Gobernador Mercado y Villacorta en 1665 sobre la plaza de la ciudad para que sus habitantes se protegieran de los ataques mocovíes. En 2013 al retomarse las tareas de exploración descubrieron una pared con un derrumbe de tejas; por su ubicación y tomando como referencia el plano se individualizó como parte de la Iglesia Mayor.

El sitio de Nuestra Señora de Talavera de Madrid es un bien integrado al Patrimonio arqueológico, parte a su vez del Patrimonio cultural salteño que paradójicamente no ha sido declarado aún Monumento Histórico Provincial. Desde 2012 en la Provincia sucesivas leyes y decretos versan sobre Esteco. Entre lo legislado resalta la expropiación de los terrenos en 2016 y la ley para la creación de un museo de sitio, normas que poco contribuyeron a la protección efectiva de los sectores descubiertos.
La ciudad colonial pareciera estar signada por la desgracia; destruida por un terremoto hace 329 años, en nuestros tiempos sus restos sufren los embates de la desidia. En el año 2000, aproximadamente quince de los cuarenta y nueve solares se perdieron al ser removidos los bordes en un intento por preparar la tierra para el cultivo de cítricos. En 2005 arrasaron el monte que cubría los restos de la ciudad con dos topadoras que circulaban paralelamente unidas por una cadena; posteriormente una motoniveladora se encargó de amontonar las malezas, destruyendo los restos más visibles de edificios y calles. A diez años de descubiertos, el baluarte y la planta de la Iglesia “son resguardados” con una estructura de palos sobre las que se montan pedazos donados de silo bolsas. No se sabe cuánto tiempo más pasará hasta que quienes tienen el poder de decisión hagan algo.

Esteco todavía espera 

Los habitantes del sudeste salteño comenzaron a reconocerla como parte importante de su historia. Quizá esté cercano el tiempo en que deje de ser una utopía pensar que las autoridades provinciales y nacionales     dirigen su mirada hacia ella.

Fuente: El Tribuno

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