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24 de enero, día del Ekeko, el dios de la prosperidad

El Ekeko es un muñeco de yeso panzudo y retacón que para los pueblos aymara representaba la abundancia y la prosperidad. Su día es el 24 de enero, pero su presencia es popular y cotidiana en una inmensa cantidad de hogares del noroeste argentino.
En la historia del pequeño ídolo doméstico hay un ritual que se realiza todos los martes y viernes del año y que consiste en colocar en su pequeña y redonda boca un cigarrillo encendido. Su fama de fumador es bien conocida en el mundo andino.
Sobre su robusto cuerpito el Ekeko cargaba las modestas esperanzas de la gente del pueblo: una bolsita de harina, otra de arroz, una casa en miniatura, un colchón y una montura.
Los entendidos dicen que esos símbolos representan las primitivas necesidades de los hombres, como el comer, el buen dormir, el abrigo de cuatro paredes, mientras que la montura presagia la compañía de una mula para acortar el camino.
Para las alegrías del carnaval lleva una bolsita de papel picado, confites de colores para convidar a las damas, un manojo de hojas de coca para coquear en los solitarios senderos de la vida y un fajo de billetes de un utópico Banco de la Fortuna.
Cada uno de estos minúsculos objetos son sutiles artesanías que representan esperanzas de bienestar para el futuro, una suerte de idea de cómo es la felicidad terrena y también la certeza de que el Ekeko habrá de cumplirlas.
Es curioso, pero si esas expectativas no se cumplían, la fe de los aymara no decaía. Ellos eran fieles creyentes de la pequeña deidad familiar, y al año siguiente, con el mismo fervor, repetían la liturgia pagana y renovaban la ilusión de prosperidad.
Pensaban que la generosidad del panzón era suprema, como su poderío, y a fuerza de leyendas y de historias contadas en noches de luna llena, el Ekeko fue creciendo en el imaginario popular.
La creencia en este personaje es tan fuerte como la misma historia de su pueblo, que resiste aún estoicamente, la dura y sangrienta prueba de la colonización primero y la explotación después. En tiempos de los conquistadores prohibieron y ridiculizaron la veneración del Ekeko, a la que castigaron con severas penas.
El Ekeko era, mucho antes de la irrupción española en el nuevo mundo, el que atraía la fortuna y la alegría. Aún en la obligada clandestinidad, fue en el seno de las familias, el inseparable compañero de la casa.
En la actualidad, el Ekeko, el muñeco barrigón, sonriente y satisfecho, se compra en casi todos los mercados artesanales de la Argentina. A su lado, para así cumplir con un extraño designio, siempre hay un cigarrillo, que antes era de chala, pero que ahora es de papel y con filtro.
La tradición dice que quien adquiere un Ekeko, también se compra las atenciones.
Si se lo obtiene sin carga, cada 24 de enero, por ser su cumpleaños, hay que comprarle algunos artículos para que los cargue en la espalda y no esté «pila».

Una devoción viva siempre latente
Pascual es el nombre del Ekeko que compró doña Virginia Zenteno hace tantos años que ni se acuerda cuando. Hoy es su cumpleaños y por eso recibirá un regalo y se fumará un cigarrillo. Al igual que él, otros ekekos recibirá idénticas atenciones en el seno de las familias que los poseen.
Viky asegura que a su familia le fue bien en estos años y que siempre logró bienestar para su hogar con harto trabajo, pero también con la ayuda de su Ekeko Pascual. Por eso cada 24 de enero lo rodea de regalos. «A él -dice-, se le tiene que hacer fumar todos los martes y los viernes del año y entonces así cumple».
Cuenta que ella, le da atenciones cada 24 de enero y para Carnaval, cuando también realiza en su homenaje una chaya especial.
«Hay que charlarlo, como si fuera otra persona, hay que agradecerle y hacerlo pitar» explica.
«Yo le digo a Pascual -cuenta Viky-, tenés que trabajar este año para que nada nos falte en esta casa, pero también tengo que darle», por eso cada 24 de enero le compra alguna cosita, «pues no es cuestión de pedir nomás…».
Un fumador
Algunos dicen que cuando el Ekeko está conforme con las atenciones dispensadas, se fuma el cigarrillo hasta acabarlo, pero cuando no es bien tratado no termina de fumar.
Los artesanos que hacen los ekekos dicen que no hay nada especial en la boca del muñeco de yeso para que fume hasta acabar el cigarrillo. «Él fuma en forma natural», dicen.
Juan es otro Ekeko, que pasó de generación en generación en la familia de los Díaz. Él tiene como 150 años, y hoy festejó fumando un cigarrillo. Blanca Díaz es ahora dueña de Juan, al que, según comenta, su bisabuela compró en la Feria de Sumalao en el siglo XIX.
Fuente: https://www.eltribuno.com/salta/nota/2015-1-24-0-0-0-24-de-enero-dia-del-ekeko-el-dios-de-la-prosperidad

 

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