Jardin de Noticias

Canto, cuento y rezo popular

Julián Zini, sacerdote y músico

Llega a cada lugar con la bonhomía de los simples hombres de pueblo. Es cuestión de dejarse llevar por la pasión que le imprime a su relato para iniciar una travesía por el sentido de la vida profunda y escuchar su mensaje de paz que no solamente tiene la poesía de su verba inflamada de pasión por lo popular, sino descubrir en él al sabio del sentido común y del que pretende ordenar algunas cuestiones terrenales para ponerlas en el lugar correcto. La Palabra (LOGO) tuvo al agrado de compartir esta charla.

LP – ¿Qué mensaje nos trae Paí Julián?

J.Z. – La cultura del interior del país que muchos tratamos de asumirla, cultivarla y compartirla, sabiendo que es tan poquito lo de cada uno, pero que si sumamos, decimos un verso por allí “si sacamos para afuera cada cual nuestra verdad/ y la hacemos compañera de la que están los demás/ una chispa y otra chispa se hacen llama y llamarada/ y una fogata que nada ni nadie podrá apagar”. Yo comenzaba la charla con un refrán africano que nos trajo un amigo que hace poco vino de aquellos lados y dice “gente sin importancia, en lugares sin importancia, haciendo cosas sin importancia, hacen cambios importantes”. Soñamos con eso, con esta vieja sabiduría humana y la tratamos de vivir así, sencillamente y a veces si podemos alegremente.

LP – ¿En algún momento vislumbró, llegó a anhelar esta fama que hoy tiene, llevando estas cosas “sin importancia” como usted decía?

J.Z. – Mirá, yo nunca quise ir al Festival de Cosquín y fui una vez a dedo cuando andaba con un grupo, que después fue la base de “Los de Imaguaré” y de “Reencuentro”, y nosotros vinimos a dedo y ganamos el trasnoche, pero no pudimos actuar porque se presentó otro conjunto que lo traía un señor diputado y actuaron ellos, y a nosotros lo que nos interesó fue descubrir los mecanismos de la fama del éxito y siempre considerar a ese Festival como una vidriera del arte nacional. Seguramente aquel que está trabajando y necesita reconocimiento para salir adelante, evidentemente aprecia y valora un lugar como ése y un suceso cultural así. Pero como mi trabajo es más chico, es del interior y además es eclesial, no tenía tanta atracción, para mí personalmente, creo que para los muchachos sí, para mi grupo. Además como no tenemos sponsor oficial, nos manejamos a ponchazos y somos un mini emprendimiento socio cultural de ocho familias que tratan de sobrevivir haciendo lo que les gusta y animando a su pueblo. Pero se dio esto de que este año empezamos a actuar junto a Luis Landriscina y a Mamerto Menapace, que somos tres amigos que al fin nos juntaron los amigos y que quieren que hagamos cosas juntos. Y así nació en octubre de 2003, que estaba Mamerto dando un retiro al presbiterio de Reconquista, que unos amigos que sabían de nuestra inquietud de ir al Luna Park, como alguna vez estuvo Menapace, con Landriscina y Favaloro, querían ahora agregarle la música y el canto, entonces programaron un ensayo, pero se juntaron más de cuatro mil personas en el Club Platense y salió lindo y es un proyecto para este año, por eso es un gusto haber estado en Cosquín de la mano de un mago como don Luis Landriscina y con él podamos proyectar lo que llamamos “Así canta, cuenta y reza nuestro pueblo”.

LP – ¿Alguna vez lo limitó la difusión de su obra por el hecho que lo suyo sea eclesial también?

J.Z. – Yo pienso que es un poco de status que da la cosa, pero yo tengo treinta años o más en esto, siempre estuve, no es algo que empiece ahora, ni empezó por demagogia, sino por amor a lo nuestro. Fuimos rastreadores, buscamos por qué somos así, tenemos varios libros donde se va juntando nuestra experiencia, nuestro caminar, lo que la gente nos enseñó, y fundamentalmente eso de que el artista

popular es como decía una abuela, como una partera, la criatura no es de la partera, ella ayuda a nacer a la criatura que está en la entraña de la señora o del pueblo, entonces en buenahora nuestro servicio, si hacemos que la vida llore y cante.

LP – Como decía Monseñor Angelelli: “un oído en el pueblo y otro en el Evangelio”.

J.Z. – Yo trabajé con Angelelli y con Monseñor Devoto, Angelelli iba a ser vicario de mi diócesis y después no fue, fue hecho obispo, pero le agradezco a Dios haber vivido esta Iglesia con Monseñor Devoto y de que mis tres obispos, también el actual, coincidan en que tenía que trabajar en esto. Fijate la idea que se estaba cuajando y que se hizo realidad con Menapace y Landriscina, para el Jubileo: Monseñor Karlic que fue el presidente del Episcopado, y yo era el delegado de mi diócesis, nos pedía que nos juntemos con Landriscina y Menapace y hagamos algo. Ahora no soy más vicario general, sino episcopal, o sea vicario del obispo para la cultura y para la animación de mi diócesis. Entonces puedo andar en estas cosas, haciendo lo que me corresponde. Cuando estoy allá, vivo en una parroquia y trato de animar a mi gente con cursos bíblicos, nosotros ahora estamos rehaciendo el proyecto de las comunidades de base, trabajamos mucho a nivel nacional y regional y ahora con el nuevo obispo tratamos de reflotar ese proyecto, así que trabajo tengo de sobra en los dos niveles.

LP – Cuéntenos sobre la religiosidad popular con la que está trabajando, por ejemplo con la figura del Gauchito Gil.

J.Z. – Los curas me echan la culpa de que yo lo impuse. Yo estaba en Mercedes y todo lo que hice fue recoger de la gente el primer compuesto, la primera canción. Resulta que hace años, ya en el ochenta nosotros teníamos un proyecto de cómo asumir eso, purificarlo y evangelizarlo, potenciarlo con el evangelio, pero el problema fuimos los pastores, a los curas nos cuesta asumir el modo de ser de nuestro pueblo que no es racionalista, que es un lenguaje simbólico. Como a veces en los seminarios no se enseña suficiente sobre la primera evangelización, muchos pastores no saben cómo fuimos evangelizado, la gente sigue haciendo cosas de hace trescientos años que le ayudamos o le impusimos en las misiones y es muy triste que nosotros hoy le condenemos por lo que hacen ,cuando nosotros se lo impusimos. Entonces pienso que ahora es un poco de honestidad en la formación saber qué tenemos detrás, saber un poco la historia que nos ayuda muchísimo.

Cuando averiguábamos qué era el chamamé, de dónde venía, en una oportunidad, una señora, la tía Nerea para nosotros, una autodidacta importante para nuestro folclore, nos dice “acá hay una pregunta del señor Carlos Vega, averigüen qué pasó en 1748, qué hicieron los indios guaraníes que fueron a Buenos Aires y animaron cuatro días de fiestas reales con música, canto y baile”. Y nos pusimos a buscar eso, allí descubrimos qué se hacía en las reducciones y allí descubrimos que en nuestra danza actual del chamamé hay figuras de las danzas cortesanas que habían sido abandonadas en Europa y que los misioneros trajeron y la usaban como danzas de cuentas para enseñar en las misiones y que quedaron dentro de este proceso de danza, música y canto que es el chamamé. Hoy para nosotros zapatear no es folclórico, en todo caso folclore vigente, está dentro del chamamé. En 1750 los historiadores cuentan la cantidad de mudanzas que se hacían en las reducciones, los indiecitos de doce años bailando y cambiando hasta cincuenta mudanzas.

Nosotros tuvimos hasta poco el “pavo antiguo” que es una danza que creemos que está atrás del chamamé, es una síntesis de lo que quedó de las reducciones, nuestra gente la llamó así en la dispersión de la campaña, pero en las reducciones era la “pavana” Es una danza cortesana que se bailaba en las iglesias, en algunas catedrales están los cardenales bailando, también “la gallarda”, “el paseo”, entre otras. Entonces tenemos un pasado que está todavía y en ese tema chamamecero que hacemos que es largo elaboramos la síntesis de lo que hace nuestro pueblo todavía, que muestra con expresiones muy concretas y muy queridas para nosotros, muy intuitivas no estudiadas, lo que traemos.

LP – ¿Por qué elige firmar, Paí?

J.Z. – Paí es el nombre que les daban a los curas en las misiones, los indios guaraníes, es decir “padrecito”. Y la mujer que me guió en esto, la tía Nerea que guió a nuestro grupo, ella me puso Paí y me presentaba así y me hizo subir a los escenarios como Paí Julián.

LP – En una charla que dio, habló del yacimiento acuífero de la región de Corrientes y de la gente que se está apoderando de las tierras, que tienen en cuenta las aguas para tomar posesión de ellas en algún momento. Usted adhiere a la teología de la liberación con su postura.

J.Z. – Seguro, no hay ninguna duda. No hay otra teología, es decir podemos hacer otras teologías, pero la verdadera teología es siempre liberadora o no es. Porque es la reflexión de la palabra de Dios para nuestra vida. Sabés por qué tenemos una invasión de sectas que nos traen diversas lecturas fundamentalistas de la biblia, porque hace unos años, nuestros hermanos del norte se dieron cuenta de que un pueblo en las pequeñas comunidades de base leía la palabra de Dios y se apropiaba de la biblia como el libro del pueblo de Dios, entonces cómo iban a permitir que el pueblo lea y escuche como voluntad de Dios, que Dios no quiere hijos y pueblos oprimidos. Entonces eso es subversivo para el sistema. “Un pueblo que lee diariamente la palabra de Dios y tiene un Dios de la vida que no acepta la opresión bajo ningún precio, entonces mandemos al sur muchas ofertas, multipliquemos las ofertas”, dijeron. El viejo adagio romano: divide y reinarás. Por eso la biblia en vez de ser la herramienta que nos da la palabra de Dios cuando se junta el libro, la comunidad y la vida, leemos con fe este libro para transformar la vida, no, resulta que cada uno la lee como se le da la gana, sobre todo a nivel personal, individualista, lo otro es comunitario. El cristianismo es comunitario o no es cristianismo. Y sin embargo se anuncia a Jesús y a Dios con un individualismo terrible para que nos vaya bien en una empresa basada en el robo, en el lucro. Hay cada cosa, es un río revuelto con ganancia de pescadores terrible en este momento. Por eso un teólogo argentino que murió el año pasado, decía “todo este movimiento religioso es el dedo de Dios”. En la biblia el dedo era Dios para ayudarle a su pueblo cabeza dura que no quería vivir y entender la alianza, cumplir los mandamientos. Entonces le mandaba desde afuera de su pueblo, gente bien intencionada o con otras intenciones que hacía lo que ellos no querían hacer.

Usemos su palabra en serio como liberadora y hagamos la teología de nuestra liberación aunque en este momento sea la teología del cautiverio. Estamos en un sistema que nos tiene así. Nosotros tenemos una canción que se llama “Nuestra suerte” que dice “ricos de alma empobrecidos, aquí estamos dominados por un amo sin conciencia que nos tiene sentenciados, que nos manda que adoremos a sus dioses de la muerte, pero por Dios y la Virgen si está vivo Jesucristo en Dios está nuestra suerte”. Es el dedo de Dios que nos está mostrando por dónde ir.

Por Raúl Vigini

raulvigini@yahoo.com.ar

27 de marzo de 2004

Te puede interesar

Día de la Bandera Provincial

BellaFlor

Día del Antropólogo: ¿por qué se celebra este 27 de julio?

BellaFlor

Arlt, la centralidad de una literatura hecha desde los márgenes: su legado según seis escritores

BellaFlor
WhatsApp chat