Sonoridades

La historia de Merceditas, un querer y un sufrir


Don Ramón había “echado el ojo” a esa hermosa mujer al punto que, cuando llegó el entreacto, la invitó a bailar y allí comenzó todo.

Don Ramón Sixto Ríos —actor de reparto, guitarrero y cantor— jamás hubiera imaginado que aquel cruce del río Paraná en barcaza, dirigiéndose con su compañía teatral por la actuación comprometida en el club del pueblo de Humboldt, en Santa Fe, le hubiera deparado una historia de amor transcurrida entre “el querer y el sufrir” hasta rozar los límites de una “leyenda que palpita”, simbolizada con una bellísima canción en ritmo chamamecero titulada “Merceditas”, que a más de 70 años emociona sin límites a cuantos tenemos la “osadía” de escucharla y gozarla.
Es que en aquel viaje conocería a una dama singular, una hermosa hija de polacos, Mercedes Strickler Kahlow. Sus cabellos rubios y ojos azules, seguramente le daban un halo capaz de entusiasmar a un pintor para que la retrate. Era una representante de la campiña santafesina, acostumbrada a las tareas rurales a la par de su familia y eso no le impedía adornar cuanta fiesta y baile frecuentaba.

Cómo fue el encuentro
Las actuaciones teatrales daban lugar en cada pausa a que los asistentes bailaran, seguramente un torbellino de chamamés como no podía ser de otra manera. Don Ramón había “echado el ojo” a esa hermosa mujer al punto que, cuando llegó el entreacto, invitó a bailar a Mercedes… fue suficiente para que desde allí comenzara una historia, entre tormentosa y sublime, que le daban la cara de lo que significaron las “penas y alegrías del amor”. El rechazo a formalizar la relación fue la constante, acicateada por su familia que aparentemente no le satisfacían las cualidades del tenaz pretendiente.
Pasó el tiempo y siguieron visitas de nuestro personaje a ese pueblito rodeado de trigales, en la Santa Fe de la Vera Cruz, que en cada oportunidad le devolvía el sinsabor de la no aceptación de la relación amorosa.
La vida de ríos era una mortificación sin medidas. Un hombre negado en sus pretensiones amorosas por una bella dama del interior que una y otra vez no abría su corazón al mozo bien apuesto, y de allí, a “Merceditas”, nuestro “héroe” dentro de su romántico encierro y con el dictado de su corazón comenzó a garabatear esa pieza musical por los años 40 del siglo pasado.
Cuando tuvo forma en letra y música, la grabó pero el vinilo la hizo trascender finalmente por los años 50, con los conjuntos de Dalmasio Esquivel y Tránsito Cocomarola. Por la emisora de esos años, receptada con batería cargada por molinos de viento, la supimos gozar sin límites. Era la canción que de labio en labio de los puebleros sentaba sus reales.
“Merceditas” fue escuchada por primera vez por la dama esquiva por l.t.9 radio “Brigadier Estanislao López”, una mañana de sábado. No dudó que estaba dedicada a ella.
Coincidió su aparición con el nacimiento de mi fe mercedaria. Durante el período de conscripción, la participación en una película de corte patriótico, me tocó formar parte del piquete que encarnaba al General Belgrano, en esa tarde que le ofrenda su bastón de mando a la Virgen, generala del ejército argentino. Y si siguen la casualidades, a mi hija mayor dimos el nombre de “Mercedes”.

El final de la relación
Hubo varios encuentros, pero irremediablemente la “polaca” rechazaba una y otra vez al sufrido caballero sus ofrecimientos de casamiento.
Don Ramón se casó en Buenos Aires. Ella siguió con su pertinaz soltería. Hubo un encuentro ya muy adultos en 1993, nuestro personaje murió al año siguiente mientras que “su Merceditas”, en 2001. Como postrer cumplido, los derechos de autor de la canción le fueron transferidos.
Para don Ramón quedará para siempre eso de “qué dulce encanto tiene tu recuerdo “Merceditas”, aromada florecita… amor mío de una vez”. Aunque fuera que ello le diera “un querer y un sufrir” que le duraría toda su vida.

Fuente: https://www.nuevodiarioweb.com.ar/noticias/2018/04/08/143426-la-historia-de-merceditas-un-querer-y-un-sufrir