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446° Aniversario de la fundación de Santa Fe

Garay, observaba las costas del Paraná.

La margen izquierda era alta, ondulosa, fértil. La margen derecha era baja, anegadiza y se perdía entre el laberinto de los arroyos y la maraña densa de las islas.

La margen izquierda estaba defendida por la muralla de sus barrancas, mientras la margen derecha se agazapaba entre los árboles esperando el inexorable castigo de las inundaciones. Sin embargo, Garay se internó en un brazo del Paraná sobre la margen derecha y fundó Santa Fe, del lado de «la tierra», para que por su puerta entraran los hombres de Asunción siguiendo el mejor camino que les llevaba al Perú.

No fue un acto solemne y espectacular como el de las fundaciones evocadas por los cuadros de historia.

No hubo allí gente arrodillada, ni besos a la tierra, ni brazos eclesiásticos bendiciendo el ámbito de  la nueva ciudad, que, lo dice el mismo Garay, » no hubo uno que quisiera ir a aquella miseria».

No se hizo tampoco alarde militar ni ostentación de armas, que solo llevaban algunas espadas mal templadas y algunos arcabuces paraguayos; ni lucieron allí tampoco los pintorescos trajes de época, que los compañeros del fundador iban tan sucios y andrajosos, lo dice Juan Alvarez en su «Ensayo sobre la Historia de Santa Fe», que los indios les llamaban los ahumados.

Fuente: Agustín Zapata Gollan. Las Puertas de la tierra.

 

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Por su parte, también es de destacar que la organización cuidó todos los detalles, para que la gente que concurriera a participar viva tres gratas veladas. También es muy importante remarcar el trato cordial y correcto para poder realizar la labor periodística en forma adecuada. Y así finalmente coronamos el relato con las estrofas de la Chamarra de Sauce Viejo de Miguel Angel Morelli que reza “Parece un lugar de paso, pa´l l que viene y pa´l que va, pero el que se queda un día ya no se va nunca más, cuidado con Sauce Viejo que enamora de verdad.…”

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