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Arlt, la centralidad de una literatura hecha desde los márgenes: su legado según seis escritores

Hijo de inmigrantes y criado en alemán y sin escuela, Roberto Arlt legó una obra fundamental que sigue siendo referencia. Este martes se cumplieron 80 años de su muerte.

 

Verónica Abdala

A 80 años de su muerte, la inmensidad de su influencia se revela en la medida y la manera en que su obra subyace en la obra de los otros escritores.

Roberto Arlt (1900-1942).Roberto Arlt (1900-1942).

Desde el punto de vista temático y lingüístico, pero sobre todo en la relación entre el artista y su época, y según pensó el crítico Noé Jitrik: “Después de Arlt, es imposible desentenderse de lo que a un escritor le toca en relación con lo que describe. Hacer eso sería traicionar finalmente la tarea, y por cierto desvirtuar lo que se quiere decir”.

Mientras que el escritor y crítico literario Ricardo Piglia decía que Arlt lisa y llanamente había inaugurado la novela moderna argentina, exhibiendo una decisión estilística nueva, quebró con el lenguaje de ese momento: «Fue el primer novelista argentino, y el mayor, por donde se lo mire«, dijo.

En los antípodas de muchos de los escritores nacionales de la primera mitad de siglo de raigambre aristocrática o apellido tradicional –Jorge Luis BorgesAdolfo Bioy CasaresVictoria Ocampo, Silvina Bullrich, Leopoldo Lugones–, Arlt provenía de una familia de inmigrantes de clase media baja que, además, nunca llegó a hablar del todo bien el español.

Roberto Arlt con Conrado Nalé Roxlo.Roberto Arlt con Conrado Nalé Roxlo.

Acaso su origen explique su tendencia permanente a darles voz a los desclasados y a rechazar de plano cualquier tipo de conformismo.

Buena parte de los personajes de El juguete rabioso, Los siete locos, Los lanzallamas y Las fieras, como muchas de las geografías de las acciones que narra su autor, son marginalesen otras palabras, Arlt describe el mundo desde los márgenes. Y lo suyo no es una pose: su vida entera transcurrió de ese lado de las cosas.

Miembro de una clase que, en la primera mitad del siglo XX sentía que su situación declinaba invariablemente, trasladó ese sentimiento descorazonado a las páginas de la mayor parte de sus libros y al carácter de muchos de sus personajes.

Arlt se mantuvo al margen de los círculos literarios durante años y debió luchar en vida contra los prejuicios de quienes le criticaban su supuesta “incultura” y la “desprolijidad” e “incorrección” de su escritura. Se podría decir que, en más de un sentido, era un outsider. Con el tiempo, su figura se agigantó, al punto de que se lo considerara casi un profeta de las letras argentinas, y su obra, de un valor que muy pocos se atreverían a cuestionar.

Este hombre que se ganaba la vida como periodista y cometía algunos errores de ortografía supo sintetizar en su obra literaria, como nadie, el desencanto de las clases medias urbanas de la Argentina de los años 20 y 30: los argentinos imposibilitados de cumplir sus sueños, para quienes el orden social es el velo que pretende ocultar la desigualdad, desfilan por su obra como desfilan por la de Borges compadritos arquetípicos, figurones inventados o personajes extraídos de la historia universal de la literatura.

Arlt escribió volúmenes de cuentos (El jorobadito, El criador de gorilas), novelas (Los siete locos, El juguete rabioso, Los lanzallamas, El amor brujo), una docena de obras de teatro (Trescientos millones, de 1932; Saverio el cruel, de 1936; La isla desierta, La fiesta del hierro, entre otras) y artículos y columnas periodísticas, en El Mundo, Mundo Argentino, El Hogar y Crítica, entre otros medios gráficos.

Roberto Arlt posa para un retrato en el balcón.Roberto Arlt posa para un retrato en el balcón.

Se ganó un lugar en la historia, como él decía, por “prepotencia de trabajo”. Creía que su obligación era escribir libros que encerraran “la violencia de un cross a la mandíbula” y se burlaba de los literatos de extracción aristocrática que suponían que detentaban la cultura como parte de su herencia de clase.

Su historia

Fue el segundo de tres hermanos, nació con el siglo, el 26 de abril del 1900, en el barrio de Flores, fruto de la unión de Karl Arlt, un alemán con aspecto rudo, y su esposa, Ekatherine Iobstraibitzer, una campesina austríaca que en sus más secretas fantasías soñaba con tener como marido a un músico como Wagner o a un filósofo como Nietzsche.

Acta de bautismo de Roberto Arlt.Acta de bautismo de Roberto Arlt.

No queda claro por qué él se hacía llamar Roberto Godofredo Christophersen Arlt, si ese no era su verdadero nombre. Tampoco por qué cambiaba la fecha de su nacimiento en los reportajes (decía alternativamente haber nacido el 2, o el 7 de abril), generando una confusión que hasta hoy perdura, pese a que es sabido que en su libreta de nacimiento está fechada el 26 de abril su llegada al mundo.

Lo cierto es que la posibilidad de narrar lo fascinó desde la infancia: contaba sólo 8 años cuando vendió, por cinco pesos, su primer cuento: en ese sentido, se jactaba de haber batido un record.

Muchas de sus experiencias infantiles sirvieron de materia prima para El juguete rabioso, obra que reúne, según él mismo se encargó de aclarar, algunas de sus más preciadas experiencias juveniles.

Una fotografía icónica del escritor.Una fotografía icónica del escritor.

A los 26 años, seis después de conocer a Carmen Antinucci, la mujer que se convertiría en su primera esposa, publicó la novela (el mismo año en que se publicaría Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes). Durante cuatro años, El juguete… había sido rechazada por distintas editoriales. 

Aunque los comienzos no fueron fáciles –debió trabajar alternativamente como aprendiz de pintor, ayudante de hojalatero, mecánico, vulcanizador, editor de un “periodicucho” y trabajador del puerto–, nunca se desvió de su propósito original: “Sobre todas las cosas –escribió en El juguete rabioso– deseaba ser escritor.” En sus últimos años se jactaba de haber escrito sus libros entre un trabajo y otro. En general, los escribía en los pocos ratos que le quedaban libres.

En 1927 se incorporó como cronista policial al diario Crítica y pocos meses después a El Mundo, en donde publicaría hasta su muerte las famosas Aguafuertes.

Nota periodística sobre la muerte de Roberto Arlt aparecida en Mundo Argentino al día siguiente de su muerte.Nota periodística sobre la muerte de Roberto Arlt aparecida en Mundo Argentino al día siguiente de su muerte.

Sus obligaciones como columnista en el diario El Mundo se vieron únicamente interrumpidas durante dos meses de 1929: en ese tiempo terminó su segunda novela, Los siete locos, que se publicó a fin de año. Los lanzallamas se editó dos años después, en 1931, y El amor brujo, muy poco tiempo después, en 1932.

La mirada de los escritores de hoy 

Sylvia Iparraguirre (1947. Autora del libro Tierra del fuego)

Aprendí de él que la literatura no es sólo una historia bien escrita: es riesgo y compromiso. Veo a Arlt en la alienación urbana, en la angustia de los que no consiguen trabajo, aunque no sepan que repiten a Silvio Astier, en la soledad y el vacío que restan después de tanto tuits y redes. De su trabajo, me quedo con El juguete rabioso y las Aguafuertes Porteñas.

Luis Gusmán (1944. Autor del libro El peletero)

Hasta Arlt existían pocos personajes en la literatura argentina. Amalia, Facundo, Moreira, Don segundo Sombra. Una clase social que se modifica con la irrupción de Los siete locos. Erdosain, el astrologo, la bizca, Ergueta. En El Juguete rabioso: Silvio Astier. Y en El amor brujo: Barsut.

Patricio Pron (1975. Autor del libro Mañana tendremos otros nombres)

Quizás se lo deba todo a Arlt, incluyendo el interés por la escritura indómita, la incomodidad con la «lengua nacional» y algo parecido a una voluntad de escribir a la contra; y sin embargo, hace al menos veinte años que no lo leo, así de importante es su ascendente sobre mí, en especial el de El juguete rabioso y los cuentos; al menos el primero de ellos es una obra extraordinaria y muy inusual a la que tal vez no se la lea tanto como se debería, eclipsada como está por el díptico y las aguafuertes.

Gabriela Cabezón Cámara (1968. Autora del libro La virgen cabeza)

Aprendí la fuerza y la belleza del rioplatense en toda su extensión. El fraseo capicúa y callejero de “rajá, turrita, rajá”, por ejemplo. La de los personajes tan turbios y porteños como El Astrólogo o los desesperados como Erdosain. Y la potencia de la cotidianidad urbana si detenemos la mirada en sus detalles.

Portada de Los siete locos (Latina, 1929).Portada de Los siete locos (Latina, 1929).

Luciano Lamberti (1978. Autor del libro La maestra rural)

No hay nadie como Arlt y todos tenemos algo suyo. Marcos Herrera y Germán Maggiori son sus claros descendientes, pero su estela es amplia y puede rastrearse en escritores como Alejandro López, Oyola, Fogwill, incluso el Laiseca de Los Sorias. Escribir en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un «cross» a la mandíbula me sigue pareciendo el mejor de los programas estéticos.

Portada de El juguete rabioso (Latina, 1926)Portada de El juguete rabioso (Latina, 1926)

Hernán Vanoli (1980. Autor del libro Arte Folk Americano)

Horacio González escribió alguna vez un texto lúcido sobre la tradición de los reventados, que en cierta forma ponía en sistema a Arlt con Asís y quizás con Fogwill. Creo que, de los tres, Arlt es quien mejor hubiera escrito sobre los reventados de nuestro presente, que a mi juicio son ciertas personajes grises amigos de las criptomonedas y la pequeña especulación.

Colaboró Mauro Libertella​

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/440199-dia-del-antropologo-por-que-se-celebra-este-27-de-julio

 

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