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La mesa de la nona

Por Belén Gorosito

El viento golpea muy fuerte contra la copa de la tipa, como si algún ser invisible se llenara los pulmones de aire y después expirara sobre sus hojas. Mientras tanto, las nubes blancas aprovechan el impulso y navegan en lo alto del cielo gris brillante. Hay un signo evidente en el horizonte, al oeste: los nubarrones oscuros se acercan. Se viene una tormenta.

Se cortó la electricidad, así que adentro de la casa no hay luz ni nada para hacer en la oscuridad. Afuera hace frío pero es verano, estoy de vacaciones y tengo otra vez ocho años. Puedo ser libre un ratito más. Así que corro de un lado para el otro, mirando atentamente cada síntoma que presenta la naturaleza. El trinar de los pájaros, inquietos por la llegada de la lluvia, y los perros que ya se refugiaron bajo techo. Hasta que algo más importante me llama la atención: tortas fritas.

La veo a la nona agarrar la botella de vidrio verde, ya añeja, que usa como palo de amasar y la empiezo a seguir a todos lados. Vamos a la despensa a buscar harina, que se guarda adentro de la alacena en un frasco redondo y trasparente, demasiado pesado para que yo lo lleve. “Era un frasco de mayonesa” me cuenta mi mamá. La preparación es casi un ritual para mí, único y poco frecuente. Me toca una botella más chica que se corresponde con mi edad. No recuerdo cómo se preparaba la masa, pero sí estoy segura de que aprendí a dibujarle caritas felices.

No tengo permitido acercarme mucho a la cocina porque la hornalla está prendida y la grasa, muy caliente. Así que me toca mirar de lejos como ese pedazo de masa blanca se transforma lentamente en una torta frita, dorada y crujiente. La grasa chisporrotea al mismo tiempo que las gotas resuenan en el techo; mientras tanto, yo espero impaciente sentada alrededor de la mesa de la nona a que llegue la fuente.

Un viaje puede ser más que un simple recorrido, o puede ser mucho menos que visitar lugares desconocidos. Un viaje pueden ser paisajes nuevos, o pueden ser los recuerdos en los lugares más frecuentes. El viaje es la vida misma compartida con quienes más queremos.

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