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Falleció Ernesto Maciel, el custodio de Juana Figueroa en Salta

Compartimos este artículo publicado por el periodista Antonio Gaspar en el periódico El Tribuno de Salta el 12 de noviembre de 2017

El hombre es el cuidador del oratorio. Desde hace más de 26 años que va todos los días a ese espacio místico y milagroso de Salta.

Unos lazos de amor, el malvón, un dólar, la retama amarilla y los jazmines variados adornan el nuevo santuario de «La Juana Figueroa», que está en donde se bifurca la calle Talavera, muy cerca de la terminal de colectivos.

Dentro de ese espacio milagroso el incienso y el romero aromatizan ese viaje al pasado de Salta pintado de sepia y nombres de novelas policiales de autores ya fallecidos.

Relojes antiguos, cadenitas, un San Cayetano, un Niño Dios, las imágenes del Señor del Milagro, fotos de la Salta de antaño, y todas las sorpresas que se van agregando cada vez que uno mira en ese oratorio a la mujer víctima de un femicidio.

Juana Figueroa fue asesinada de un martillazo en la cabeza por su esposo Isidoro Heredia el 21 de marzo de 1903. El brutal femicidio se produjo muy cerca de ahí, a donde termina la Pedro Pardo y comienza el puente.

Finalmente se puede decir que no la asesinó por celos, por amor o por emoción violenta ni por otra brutalidad periodística parecida. La mató por esa relación asimétrica de poder, del hombre sobre la mujer, que antes (y ahora también) se naturalizaba hasta en el discurso cotidiano.

Fueron muchos los que luego escribieron sobre la Juana por la brutalidad del crimen. Juan Carlos Dávalos, el querido «Coco» Botelli, la profesora de la UNSa Luz del Sol Sánchez, periodistas como el Suri Borelli o Andrea Sztychmasjter fueron algunos de los que se refirieron y pusieron al tema siempre presente entre los salteños.

Entre todo ese universo de relojes sepia, zambas, argumentos judiciales, crónicas policiales y cambios de paradigmas estuvo Ernesto Maciel, que es el hombre que cuida ese universo milagroso que se armó en torno de la imagen imaginaria de la Juana Figueroa.

En el medio del oratorio hay un retrato en donde se muestra cómo sería el rostro de la mujer milagrosa. «En base a toda la literatura, las crónicas policiales, los relatos y testimonios armaron un retrato de esta mulata», dijo Maciel.

Es un hombre que se comenzó a encorvar por sus 74 años, pero también por un grave accidente vial que ocurrió hace más de 26 años, cuando trabajaba para Obras Públicas de la Municipalidad de Salta.

Un camión y una tragedia le aplastaron la cabeza en el camino a La Pedrera y fue a parar, en estado muy grave, al hospital San Bernardo. Fue mucho el tiempo en que su madre Luisa y su esposa Candelaria lo cuidaron en terapia intensiva, y fueron muchos los pedidos que realizaban cuando pasaban por el viejo oratorio de Juana, ese que colgaba del canal.

«Mi mamá y mi esposa me apromesaron. Luego yo salí de terapia y me metieron al neuro (ahora hospital Miguel Ragone). Luego tenía que ir todos los días y pasaba por la Juana. Cuando estuve bien, me fui a agradecerle. En ese momento yo recibí una fuerza indescriptible y ahí fue que le prometí que vendría todos los días a cuidarle su espacio», dijo Maciel.

Hasta antes de que apareciera Maciel, el oratorio de Juana estaba siempre sucio y descuidado. Aprovechaban los enajenados y los ebrios para utilizarlo como un hospicio irresponsable.

«Yo me encomendé como siervo y guardián. Y con la ayuda de mis excompañeros y de la Municipalidad comencé a arreglar el oratorio del lado del canal. Ahora (el secretario de Ambiente) Federico Casas me dio una mano inmensa para este traslado. Tenemos más espacio, hay más verde y estamos más contentos», dijo.

El hombre no falta un día a su cita con la Juana. Hasta los primero de mayo, Navidad y fiestas de guardar el hombre llega, limpia, ordena y hace las cosas que siempre hay para hacer. Tiene una paciencia monástica con los curiosos y siempre está dispuesto a la charla pedagógica sobre los milagros de la Juana.

La reja perimetral, con sus plantas guiadas que van creciendo con las últimas lluvias, los faroles, los asientos de plaza antigua se limpian diariamente. Se nota la mano del personal municipal que lo ayudó. Y la compasión de los trabajadores de la estación de GNC de enfrente que le cuidan el oratorio durante las agitadas noches de la zona.

“Santa de todos”

Maciel y Candelaria tienen cinco hijos, una nena y 4 varones. Ellos les dieron 11 nietos y una bisnieta.

“Se llama Florencia y tuvo un problema de salud muy grave. Toda la familia vino a pedirle y ella me la curó”, dijo Maciel.

Eso fue solo para explicar que Juana no solo es milagrosa con las prostitutas.

“Vienen de todas las profesiones, docentes, tacheros, municipales y estudiantes que se sientan a estudiar en los bancos y de paso le piden por una nota milagrosa”, concluyó.

Fuente: https://www.eltribuno.com/salta/nota/2017-11-12-0-0-0-la-historia-de-ernesto-maciel-el-custodio-de-juana-figueroa?fbclid=IwAR2TADu4amo7zFSZanCGc5wAxxXBycyasR-UFaut-UamrvyJpsGfeyI0YWg

 

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