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Salta – “Reparar libros es cuidar el capital cultural”


Rocío Duarte repara y restaura libros en el mercado de Vaqueros. «Este oficio es un placer», destaca.

Antonio GasparAntonio Gaspar

Rocío Duarte es una joven de 33 años con un oficio de esos que se van perdiendo, pero que de solo nombrarlos te remiten a la nostalgia enamorada.

Ella repara y restaura libros, los remienda, les hace “sana sana” y los cura. Además enseña a los románticos lectores amantes del papel a encuadernar.

Ella es una joven de 33 años que nació y vivió en la ciudad de La Plata. Allí estudió y se recibió de Comunicadora Social. Un día, con su compañero de vida Rodrigo, decidieron salir de ese ámbito citadino y comenzar a recorrer los caminos sin ninguna carta de navegación. Eso sucedió hace cuatro años y medio. Salieron sin destinos y sin tiempos. No cuenta mucho de ese viaje. Hay como un capítulo que falta y se saltea hasta cuando llegaron a Salta.

Nunca se imaginaron que iban a terminar en un pequeño poblado del noroeste argentino anclando, por ahora, un destino inesperado.

“Cuando llegamos a Vaqueros yo ya estaba embarazada y la verdad es que desde el primer momento descubrimos que sería el mejor lugar para criar a nuestros hijos. Es otro ritmo, es otra vida, en contacto total con la naturaleza y así fue que decidimos quedarnos. Ahí nació Aimé, que ahora tiene 4 años”, dijo Rocío sentada en una mesa mientras observaba el trabajo de sus talleristas en la Feria Vaquereña.

La reparadora de libros compartió su sabiduría en un taller de encuadernación que brindó en ese espacio que se arma los sábados en la localidad de Vaqueros.

La convocatoria fue un éxito y muchos llegaron con sus viejos tesoros para ver la forma de repararlos. Otros estuvieron con la simple expectativa de armar un cuaderno, una libreta de anotaciones, una agenda.

“Yo aprendí todo esto de mi amiga Mailén, en La Plata. Ella me enseñó las costuras de los cuadernillos, a armar tapas, la técnica del serruchito. En realidad no es mucho lo que sé, pero es un forma de ganarme la vida. No tengo una regularidad en los ingresos por la gente algunas veces me trae de todo y hay semanas que no. Pero lo que debo decir que este oficio es un placer. Darle una alegría a la gente que ve a sus libros recuperados es algo impagable”, dijo Rocío.

Su compañero trabaja en construcción con barro. Es una modalidad de la bioconstrucción que, si bien es antigua, se está instalando para las viviendas en la zona. Él la acompaña con un puestito del mercado recostado sobre la ciclovía de la ruta nacional 9.

Todos los sábados están ahí de 9 a 15 con un cartel mínimo en una mesa que reza “reparo libros”.

“De pronto viene la gente y me pregunta. A la otra semana ya traen sus libros en brazos y me los entregan. Se debe decir que es una enorme responsabilidad. Luego los tiempos van variando según el grado de deterioro del mismo. Algunos demoran una semana, otros quizás más. Cuando los termino los traigo a la feria y espero a sus dueños. Al ver sus sonrisas me sale un sentimiento que me completa. Es muy satisfactorio. Los trabajos que más recuerdo son uno de rezo árabe, muchas novelas policiales de El Séptimo Círculo, biblias, libros de cocina; todos viejos y de ediciones que no eran muy buenas, pero que la gente invierte en mejorarlos”, dijo Rocío, cansada y se sienta en un banquito de madera rústica.

Ella está nuevamente embarazada de cinco meses y quiere que su viaje continúe por Vaqueros.

“Nosotros vivimos en finca La Huella y se formó como una comunidad de gente que tenemos los mismos pensamientos en cuanto a la crianza de nuestros niños. El lugar, el paisaje, su gente y su clima hace que esto sea un lugar perfecto, con un ritmo diferente al de la ciudad y con su forma de vida particular”, dijo.

Aseguró que casi nunca se va para el centro de la ciudad y que en la zona norte tiene todo lo que necesita. Además brinda clases de capoeira en la Biblioteca del pueblo y con eso completa sus tiempos.

Para el final nos regaló una reflexión y concluyó que “a mí me sorprende cómo la gente no quiere desprenderse de sus libros. El papel sigue tan vigente como siempre. Sino no se explica cómo muchos vienen al taller de encuadernación o me buscar para reparar sus viejos tesoros. También pienso que esas personas quieren dejarle a alguien un legado para las generaciones que le siguen. Reparar los libros es una forma consecuente de rescatar y cuidar el capital cultural”, concluyó Rocío.

Datos para hallarla en Vaqueros

Para quien quiera verla, conocerla, ella está todos los sábado en el Mercado Vaquereño, de 9 a 15.

Hay que buscar el pequeño cartel nada más, es siempre el mismo.

El precio de los trabajos y los tiempos se negocian en el momento y depende mucho de la cara del libro. A más páginas o deterioro es proporcional al tiempo de dedicación, y en consecuencia el precio del trabajo.

Pero no solo está ahí para recibir libros que necesitan reparaciones. En los dos últimos fines de semanas se brindaron dos jornadas de talleres de encuadernación.

Lo más curioso es que muchos llevaron sus libros para ver si personalmente podían restaurarlos. La gran mayoría llegó para realizar producciones para regalar, otros por una simple curiosidad personal.

Rocío nos confirmó que por ahora no habrá más de esos talleres pero, si la exigencia presiona demasiado, quizás se anime a dictarlos nuevamente en abril; quizás marzo. Habrá que estar atentos porque los cupos son limitados y hasta ahora hubo muchos participantes.

Ahora bien, si solo hay un simple sentimiento de curiosidad, cualquiera puede acercarse a charlar y tomar unos mates con una trabajadora con un oficio interesante y plena de historias viajeras. Si se tiene suerte ella estará en ese lugar verde cociendo, enchastrada en cola y reparando ese ser querido que pertenece al patrimonio de alguna familia.

Para quien no tiene la oportunidad de llegar hasta Vaqueros, pero que necesita de sus servicios ambulatorios, se la puede llamar por teléfono al 0387 155 244574 a cualquier hora por un presupuesto o por cualquier emergencia.

Fuente: https://www.eltribuno.com/salta/nota/2018-1-27-23-51-26–reparar-libros-es-cuidar-el-capital-cultural